La EpD es una respuesta ante una realidad cultural determinada, ante un modelo de vida, el nuestro, generador de exclusión y de pobreza. La EpD quiere transformar la cultura de la insolidaridad y el modelo depredador y consumista de las sociedades enriquecidas. No hay una definición única ni exclusiva de la EpD, sino muchas; no hay un modelo único de prácticas de EpD, sino un gran abanico plural. Detrás de cada una de las formas de entender y practicar la EpD encontraremos diferentes formas de entender la educación y de entender el desarrollo.

Nosotr@s, desde nuestra reflexión, compartimos la definición que la Comisión de educación de Córdoba Solidaria (Plataforma de colectivos sociales de Córdoba) consensuaba en Julio 2007, aunque con matices: “un proceso educativo y participativo, continuo y transformador, en el ámbito formal y no formal que genere una ciudadanía activa y solidaria, con una conciencia crítica y constructiva, por la transformación integral de las personas y de la sociedad para lograr un desarrollo humano sostenible”

Y queremos añadir a esta definición lo que consideramos principios básicos de la EpD, para contar con claves que podamos situar como horizonte cotidiano y que nos ayuden a caminar.

Para nosotr@s, los siguientes, son elementos que deben estar presentes en todas las prácticas consideradas de EpD, siendo conscientes de las dificultades de la coherencia absoluta pero sin querer abandonarnos a una postura acrítica y relativizadora donde todo valga. Una práctica de EpD…

– Tiene una finalidad transformadora: tanto en el ámbito político (estructural/colectiva), como en el ámbito personal (cambio de actitudes).

– Es un proceso educativo, lo que significa que no son actuaciones puntuales, que las acciones se enmarcan en una estrategia de EpD más amplia. Además es un proceso que tiene intención educativa.

– Este proceso debe ser participativo, las personas tienen que ser sujetos de la transformación, sujetos con capacidad de incidir en la realidad. Esto se aprende participando, en espacios que lo potencian y junto a otr@s (en colectivo)

– Debe ser una experiencia de transformación en sí misma, que no solo remueve conciencias o informa sobre realidades. Creemos que transformando es la única manera de demostrar que la realidad es transformable.

–  Son intervenciones locales con proyección global, que te hacen leer tu realidad más cercana y actuar para transformarla, lejos de grandes cambios inalcanzables que desmovilizan.

– Genera redes y alianzas, siendo lo colectivo y la organización una de las bases para el cambio, dando una respuesta colectiva ante una realidad compleja y de interdependencias. 

– El proceso educativo debe ser coherente con los fines que se persiguen. Si pretendemos transformar estructuras desiguales por otras relaciones de justicia; la cultura del egoísmo y el consumo por la de la solidaridad y el compromiso… no podemos educar a través de medios jerárquicos, sexistas, individualistas, competitivos o violentos. 

En definitiva pensamos que la EpD ha de ser una PRÁCTICA INCÓMODA para quienes tienen interés en conservar un mundo injusto y desigual.

En relación con todas estas claves, y retomando que hablamos de una educación transformadora, tenemos que virar nuestra  mirada hacia una de las principales fuentes de las que bebe la EpD: la educación popular. Un movimiento que nace en América Latina en los años 60 producto de grupos populares que buscan un modelo educativo diferente al tradicional o bancario en la formación de adultos. Freire planteaba como objetivo de la educación que la persona tome conciencia de la realidad y de su capacidad para transformarla. Él partía de los intereses de los grupos analfabetos y pobres y mediante el diálogo y la participación en el proceso educativo conseguía la concientización para su propia liberación.

En Europa sus teorías tuvieron amplio seguimiento entre la gente que se encontraba trabajando por el cambio social y por la solidaridad con los más desfavorecidos y ahí comienzan a encontrarse la EpD y la educación popular, creándose entre ambas un vínculo que podemos ver claramente en la actualidad:

Los dos tipos de educación generan un proceso de transformación individual y colectivo ligado al contexto local y a su implicación en la aldea global.

 

Metodología del proceso educativo

 

Tan importante como el concepto o los principios básicos de la EpD es la metodología, ya que es lo que verdaderamente define el proceso: el cómo.

Integral, que favorece una formación que atiende a todas las dimensiones tanto de la persona (COGNITIVA-ACTITUDINAL-AFECTIVA), como del proceso de aprendizaje. Aprender a aprender o a construir conocimientos, aprender a hacer o a influir en el entorno, aprender a ser o adquirir valores, aprender a convivir o a relacionarnos y aprender a transformar o construir un mundo más justo.

Participativa y colectiva. El grupo se convierte en sujeto activo del aprendizaje y desde el trabajo en equipo: se organizan para un bien común, valoran otras opiniones, cooperan y se des-individualizan, aprovechando las capacidades de tod@s para elaborar los conocimientos.

Flexible, que toma en cuenta la realidad del grupo y/o de las personas que participan y desde ahí elabora y concreta el “cómo” del proceso. No hay recetas metodológicas.

Dinámica y motivadora, que utilice gran variedad de técnicas y recursos que se adapten a la pluralidad y a los objetivos a conseguir. Uso fundamental del juego como instrumento pedagógico.

 Generadora de compromisos, educando en la responsabilidad y en el compromiso tanto individual como colectivo.

Estrategias concretas más usadas:

Enfoque socio afectivo, que garantiza que la realidad no sea abordada desde el plano puramente intelectual sino que se aborde la realidad desde lo emocional para que a partir de esa experiencia se reflexione y se actúe.

Pedagogía de la Indignación, que utiliza la indignación y el conflicto personal como motor de aprendizaje, buscando desatar la pasión siempre necesaria en un proceso transformador.

Pedagogía de la acción, que concreta la transformación de la realidad en el día a día.

Construcción colectiva del conocimiento, partiendo de los saberes e inquietudes de l@s participantes y procurando espacios horizontales de intercambio de ideas y reflexión.

Entrando en cada uno de los momentos del proceso[1] podremos entenderlo mejor:

El “sentir” tiene como objetivo “potenciar lo afectivo, lo vivencial a la hora de afrontar lo social”; la relación entre los participantes de juegos y dinámicas de grupo en la que se vivencien los fenómenos y realidades estudiadas reforzará en gran medida los siguientes momentos del proceso. El “pensar”, como segundo momento del enfoque socioafectivo, implica un acercamiento teórico al tema que ya se ha vivenciado colectivamente; el aprendizaje parte de un modelo constructivista en el que los propios educandos investigan sobre realidades abordadas; Juan Gómez Lara se refiere a este momento indicando:

“El aprendizaje, además de ser significativo, ha de ser relevante para la vida de los participantes y eso quiere decir que el aprendizaje que desarrollemos debe servir para entender la propia realidad”

Por lo tanto, habrá que tener en cuenta no sólo las vivencias experimentadas en las dinámicas del primer momento, sino las experiencias y juicios de los educandos, adquiridas en otros espacios.

El momento del “actuar” se hace vital en una EPD que, en la actualidad, está falta de considerar como uno de sus objetivos básicos la movilización de la ciudadanía en esas redes de solidaridad Norte-Sur. Gómez da importancia a la utilización de estas acciones, diseñadas y realizadas en común por los educandos, como un elemento educativo fundamental.

A través de la evaluación colectiva de las acciones desarrolladas se consigue reforzar los aprendizajes adquiridos y dar más fuerza al proceso educativo que comenzará de nuevo el ciclo con el sentir. Como vemos, la similitud con la educación dialógica y problematizadora de Freire se hace cada vez más patente, respondiendo en parte a las cuestiones que sugeríamos sobre la educación popular.


[1] Esta explicación de un proceso educativo siguiendo la dinámica socioafectiva está tomada de David Luque: trabajo de Máster de Cooperación para el Desarrollo de ETEA